Viernes, 21 Julio, 2017

Literatura breve, muy breve


Todos podemos escribir una frase ingeniosa a la primera, lo difícil, como todo, es perdurar. La literatura axiomática me da personalmente mucha pereza, prefiero Ana Karenina, aunque me lleve semanas. Lo peor de Chesterton es el uso que se le da como cantera de aforismos. Lo mismo le pasa a Wilde, ambos han sido los mas tijereteados de la historia de la literatura. Se les ha hecho un roto a sus obras para que las frases funcionen aparte de su contexto natural, vamos, una barbaridad.

Pero existe en la literatura japonesa un género muy interesante de poesía que es brevísimo, como la caída de la hoja del arce sobre la nieve. En un golpe de vista te enseñan una imagen redonda, absoluta, como un centro de belleza que quisiera reventar los costados de esas pocas palabras que lo contienen. Hablamos de los haikus. Y el gran monstruo de los haikus fue Basho y especialmente su “Senda hacia tierras hondas”. Octavio Paz, que tradujo este libro en su momento, dijo de esta obra: “El libro no ofrece asidero alguno. Es un breve cuaderno hecho de veloces dibujos verbales. La poesía se mezcla con la reflexión. En este libro no pasa nada salvo el sol, la lluvia, los árboles, una niña. No pasa nada excepto la vida y la muerte”. Vamos con un ejemplo de las piruetas mínimas de Basho: “¡Qué majestad! En hierbas verdes, tiernas, la luz del sol”. Y ya está. Más: “Limpia es la luna en la arena que esparcen los peregrinos”.

Se ha de notar que la literatura de Basho es muy irregular, porque es imposible que la profundidad alcance un grado prístino en cada mirada poética. Basho se definía a sí mismo como un murciélago, mitad pájaro y mitad ratón, porque era esmirriado y quizá muy feo. Todo lo de Basho lleva una contemplación calma.

En los Evangelios se han recopilado también un buen lote de frases de Jesucristo. Pero las suyas no conducen, curiosamente, a la contemplación de una realidad externa, invitan a una vinculación estrecha con quien las profirió, una especie de imán de relación a perpetuidad. No producen admiración o reflexión, porque son el ruego de la urdimbre de una amistad. Pero Basho nos gusta por su honda simplicidad, y te hace pensar las cosas por segunda vez, te propone remirar.

Javier Alonso Sandoica

Comentarios

  1. Hola padre nos has dejado huérfanos. Vuelve si necesitas q escuchemos la música de tu alma yo te necesito

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