martes, 17 octubre, 2017

Dicen…


Francisco-Gonzalez

Francisco González

En un periódico digital leo un artículo que me recomienda un amigo sobre la mentira. A medida que avanzo en la lectura vienen a mi memoria innumerables frases, citas y sentencias sobre la verdad y la mentira. “Miénteme aunque sea muy despacio y muy bajito…”, “tu verdad no, la verdad, y ven conmigo a buscarla…”, “¿jura solemnemente decir la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad?..”, y tantas otras.

Un tema apasionante este de la verdad. Recuerdo un consejo de un sabio amigo que dejó su vida en la montaña, que hablando de la verdad, siempre advertía que no todo el mundo tiene derecho a saberlo todo. Que ocultar la verdad de ciertos temas a determinadas personas en según qué cuestiones no es mentir.

 

La mentira parece estar en la secuencia genética de cada uno,a todos alguna vez se nos ha pasado por la cabeza la posibilidad de ocultar la verdad en beneficio propio. Pero, qué paradoja, no es verdad. La mentira no es connatural al hombre, como no lo es el mal, como no lo es lo feo. Cómo diría cualquier buen filósofo, estamos ante la necesidad ontológica de la verdad: la mentira sin la verdad no puede existir, pero no al revés; el ejemplo es la sociedad de caballos parlantes que nunca mienten, los Houyhnhnm de Los viajes de Gulliver, de Jonathan Swift, frente a los depravados humanos, los yahoos.

La mentira es un síntoma de egoísmo, una reivindicación del pequeño Narciso que todos llevamos dentro, pero no por eso es natural ni justificable, sino más bien todo lo contrario, antinatural y reprochable. El verbo mentir se aprende a conjugar siempre reflexivamente, “yomemiento, tútemientes, élsemiente…” y cuando se domina en su forma reflexiva se intentan otras flexiones verbales. Dicho de otra manera, la primera mentira se la dice uno a sí mismo y, si se la cree piensa que el mundo entero también se la creerá.

Pero quizá conviene más hablar de la verdad que de la mentira. A mí como a todos, me educaron en el amor a la verdad, pero nadie me dijo que fuera un amor fácil y sin sacrificio personal. Ser veraz cuesta, a veces mucho, y más cuando se trata de ser veraz con uno mismo. La verdad, en términos filosóficos, se ha definido desde los clásicos como la adecuación del entendimiento a la realidad, es decir, la medida de la verdad no es el entendimiento sino la realidad misma, a la que el entendimiento se debe plegar. Machado, Antonio, decía en oposición a Ortega, que “la verdad es lo que es y sigue siendo verdad aunque se piense al revés” y ponía astutamente el dedo en la llaga de la herida de la modernidad. La verdad no la construyo yo. Es la verdad la que me construye.

Está de moda en los medios de comunicación, y también cada vez más en la calle, usar la expresión “mi verdad”, o “su verdad” dando a entender que la verdad está sujeta a quien habla o a su punto de vista. Craso error que ha calado en la mentalidad de la gente. Cada uno tiene su verdad…; así nos luce el pelo. Si hay tantas verdades como personas creo que eso no es la verdad. Por definición la verdad es singular, todo lo demás es opinión, más o menos acertada, más o menos veraz, pero opinión; puestos a opinar, hay cosas que no son opinables, por ejemplo que la verdad es singular, esta es no una opinión veraz, sino que es verdad.

Dicen, al menos yo lo he oído alguna vez, que todo el mundo miente, que los niños aprenden a mentir desde pequeños y que de mayores perfeccionamos la técnica hasta límites inimaginables…, dicen. Y que la política es el arte de mentir…, dicen. También dicen que el hombre ha ido a la luna y que Walt Disney está criogenizado…, dicen. Pero dicen tantas mentiras…

 Francisco González Domen-Astur.

Comentarios

  1. Domingo Prieto dice:

    y eso de …¿Dijiste media verdad?. Dirán que mientes dos veces si dices la otra mitad. Grande Machado y muy bueno el artículo.

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