sábado, 21 octubre, 2017

Señoras y señores, con ustedes sir Georg Solti


En el día de Santa Cecilia, patrona de la música, no vale un homenaje tipo escuchar a los Foo Fighters y marcharse a la cama. Hay que ir más atrás, o más arriba, que ambas direcciones valen. Una sonata de Haydn es suficiente. Yo acabo de descubrir sus conciertos para piano y ando en pleno disfrute.

En este año celebramos el centenario del nacimiento de Georg Solti, que no ha podido cumplir en vida. Radio Clásica le está dedicando una programación especial repescando sus grabaciones de culto.

Dirigir una orquesta es una especie de misterio que consiste en combinar una suerte de orientación del espíritu, de la inspiración y de la interpretación, con el control mental, algo que nunca puedes pasar por alto, esta es la alquimia adecuada, el secreto del alquimista. Demasiado control y pierdes intensidad. Muy poco control y todo se convierte en arrebato y abandono. Se trata siempre de combinar emoción y control y todo director de orquesta debe saber cómo”.

Estas palabras las escribió Solti (sir Georg Solti, para que aún suenen todavía más campanudas) sobre el arte de la dirección. A muchos no les gustaba su manera de cimbrearse sobre el podio. Es verdad que exageraba y exasperaba a muchos críticos, pero era un genio. Hay un artúiculo de Edward W. Said en enero de 1994 en el que exponía que sus gestos anulaban sus mejores intenciones musicales. “Todos esos rumores –escribía Said- reverencias, zigzagueos, empujones, arremetidas, imposibilitan incluso a la venerable Filarmónica de Viena interpretar la obra de Bruckner con el efecto necesario”. Decía que Solti no poseía la austeridad ni la serena madurez del director virtuoso.

Richard Strauss dirigía casi exclusivamente con los ojos, se movía menos que un mozo en la taquilla del cine. Mahler era otra cosa, se conservan caricaturas de la prensa de la época en las que aparece un director arrebatado, un murciélago de movimientos impredecibles, un balón de rugby.

La atención a la interpretación de una pieza es parte insustituible del placer de la audición. Imprescindible porque se atiende al cruce sutil entre el respeto por la partitura y la personalidad del director. Conocer las versiones de las obras más conocidas no es cosa de beatos de la clásica, es una pasión por revisitar con mimo los lugares que Mozart y Stravinski nos legaron. Cosa  de enamorados, lo sé, los enamorados lo entienden bien, ellos nunca se cansan de conocerse, de revisitarse. Oír en vertical. Quizá habría que decirlo de otra manera, no sé. Oír por primera vez, que también debería ser una manera de vivir.

Entra en You Tube, echa un vistazo a Solti y consulta otras versiones. Aprenderás que se puede vivir con más o menos sutileza, profundiza, rebusca. Las interpretaciones te afectan.

Javier Alonso Sandoica

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