Miércoles, 26 Julio, 2017

Meditación de Nueva York


Soy el menos difícil de los hombres. Lo único que quiero es el amor sin límites.
Frank O’Hara

Mi cuerpo está dormido,
pero mi cabeza recuerda.

Tengo los ojos rotos de soñar,
las manos desgastadas de encontrarte,
oh pureza de las aguas turbias encadenadas
a la ciudad nupcial con forma de palabra en llamas,
oh plinto gris donde las músicas
gastadas por los hombres
son enterradas piadosamente
en el silencio azul de los anfiteatros,
oh cielo, oh instantánea mariposa
hecha de vidrio y lejanía,
oh naufragio de la oscuridad,
oh catástrofe de la ternura,
oh arquitectura flagrante
de la vegetación que no tiene confines,
oh excelso muro, oh torres coronadas,

hoy quiere mi garganta desnudarse
para vestirse en ti,
para que todas las esquinas y las sombras,
todas las atalayas y los penthouse, los semáforos
sean aquí nombrados,
todas tus rosas de metal sean aquí censadas,
todos los rostros y los mundos
tengan al fin un sitio en que mostrarse,
un lecho de papel en donde descansar
de su velocidad, una ventana que devuelva
ese perfume a juventud que se respira
insospechadamente en las cafeterías y los almacenes.

 “Tengo los ojos rotos de soñar, las manos desgastadas de encontrarte”

¡Hiperpaisaje!
Soy yo el que te recuerda ahora y te sitúa
en medio de la claridad majestuosa de Mannhattan,
el que se arranca aquí los párpados
para mirarte sin final
a paraísos de distancia.

Es necesario no pensar para poder decirte,
para darle a tus épocas un nombre
que no se olvide nunca,
es necesario
no haber latido el corazón
para morir recién nacido aquí,
para perder contigo la memoria,
ciudad inaccesible,
ciudad cicatrizada,
dondequiera que mire
ya siempre estarás tú.

Quiero extender los brazos
para acunar en todos mis regazos
las fachadas de Broadway,
quiero desnaufragar en mí tu poesía inesperada
cuando se cruza una avenida
o se improvisa una oración
mientras se espera el metro.

Voy hasta Union Square, entro en Strand.
Los libros forman cordilleras
en una sola frase interminable
que dice el universo,
que es una amante ebria de gramáticas
que se ha olvidado de decir I love you
y expresa así su amor a cuantos aquí entran.

Voy hasta el Guggenheim,
delante de un picasso encuentro a Nusch Éluard
y cuando me decido a dedicarle un mal poema
para dejar memoria de cuánto nos besábamos
en los remotos años treinta
mira otro lado por no sonreírme.

Voy a la Hispanic Society,
veo la rúbrica de J. P. Morgan
en la edición príncipe de la Celestina.

Voy hasta el Soho, hasta Hell’s Kitchen, hasta Harlem,
veo que nace un sol vencido por los pájaros en Brooklyn,
hablo con tus vehículos, tus gentes, tus edades,
siento que es siempre subjuntivo el tiempo
en tus ferrocarriles subterráneos.

Y voy hacia mí mismo aunque no soy más yo.

Me siento a conversar
con los escaparates y los túneles,
yo soy esta columna, este vagón
metálico del subway,
esta moneda de un centavo,
esa tienda de flores,
yo soy las escaleras,las aceras,
yo soy el interior de Grand Central,
soy este veterano detrás del mostrador
vendiéndote los bagels y los pretzels,
miro a lo lejos y me veo:
soy la estructura
que permite volar al Chrysler Building.

Estoy despierto
pero mi corazón sigue soñando.
Mis ojos han crecido
y no hay rincón de esta ciudad
que no pase por mí.

¿Adónde fue mi alma, Nueva York?

Álvaro Fierro Clavero

Comentarios

  1. Esta autoindulgente tirada a lo Whitman ¿a qué viene? ¿qué añade?

  2. carlos rodriguez dice:

    A mi me parece bello…

  3. Tu poema me crea la ilusión de volver a las calles de NY, me las hace reconocibles, tal vez sea solo una imagen, porque la ciudad real siempre escapará a dicha imagen y el poema, o el poeta, nunca serán dueños de ella.

  4. Bellos recuerdos de una maravillosa ciudad, bonitos sitios los que vira el poeta , bonito poema

  5. Creo que tus hijos tienen que estar orgullosos de tener un padre tan corrido y de tan buen decir. Y si todavía no de hubieran dado cuenta pronto lo harán. !En hora buena!

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