Domingo, 25 Junio, 2017

Gallois, el bien común y el camino de salida


Grecia arde. España está en el punto de mira de toda Europa. Pero resulta que Francia es una bomba de relojería. Ya lo sabía el presidente Hollande y por eso, antes de que la influyente revista The Economist inundase los quioscos del mundo con unas representativas baguettes explosivas, le había encargado a un hombre de negocios, Louis Gallois, un riguroso informe con medidas concretas para salir del atolladero.

Como es el mismo cumplidor que prestó con eficacia sus servicios en la red de ferrocarriles gala y en EADS, la constructora aeronáutica, como consejero delegado, entregó su informe en tiempo y forma con 22 propuestas concretas y bien desarrolladas que tienen como pretensión dinamizar la economía.

Francia tiene una enfermedad que no dista demasiado de la de España y el resto de los países del entorno: se ha anquilosado por culpa de la pérdida de competitividad fruto de numerosos factores entre los que ha jugado un papel fundamental una interpretación demasiado amplia del concepto de Estado del bienestar y una pérdida paulatina de la noción del bien común que permitió ponerlo en marcha.

castellerY es que el llamado proyecto Gallois, del que podríamos tomar nueva nota, tiene mucho que ver con el bien común que la Iglesia toma como bandera cuando aborda la cuestión de la propiedad privada y del crecimiento económico. El planteamiento es simple: se meten en una coctelera el derecho al trabajo, el derecho a la propiedad privada, el principio del bien común, la justicia, la caridad y unas imprescindibles gotas de responsabilidad, sazonador básico de este guiso económico. El resultado, de aspecto parecido al propuesto por Gallois, implica un verdadero cambio de paradigma en el modelo económico y en el planteamiento de cada hombre sobre lo que tiene que ser su trabajo.

Y resulta que en el bien común estaba la salida. En una “visión de la economía inspirada en valores morales que permitan tener siempre presente el origen y la finalidad de tales bienes, para así realizar un mundo justo y solidario, en el que la creación de la riqueza pueda asumir una función positiva”. Pero eso necesita del ingrediente estrella: responsabilidad, no ad intra, no la de cada cual sobre su vida y su familia, sino ad extra, responsabilidad de cada uno con su empresa -a través de la participación de los trabajadores en los consejos de administración- y, sobre todo, de cada uno con la sociedad porque si algo ha enseñado esta crisis es que el mal de muchos nos atañe a todos. Por esa vía del dolor de bolsillo quizá hayamos aprendido  que el bien de todos también me atañe a mí.

María Solano Altaba
@msolanoaltaba

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