sábado, 21 octubre, 2017

Matrimonio homosexual, ¿ponemos al mismo nivel la Constitución y la Real Academia?


La Real Academia de la Lengua lleva en sus entrañas un componente similar a la materia, acordémonos de lo que aprendimos en el bachillerato: la materia ni se crea ni se destruye, sólo se transforma. Por eso lo suyo es un ejercicio proteico y su desarrollo es tentacular, está siempre en progreso. A la lengua, cuanto más ágil, innovador, creciente y poliédrico sea su ejercicio, tanto mejor le sienta. En la presentación de la reedición de El libro y sus orillas de Roberto Zavala Ruiz, tras veinte años de silencio editorial, su autor decía, “la cuestión por la que medio me peleo con la Academia, es porque cree que su papel es prescribir, cuando en realidad debería contenerse un poco y saber que su rol es el de registrar los usos de las palabras y no decirle a la gente cómo acentuar“. Tiene razón. Es lógico que bloguero, chat, espanglish y friki se hayan colado en las nuevas ediciones del diccionario, porque cruzamos estas palabras a diario.

La sentencia sobre el matrimonio homosexual del Tribunal Constitucional ha retomado una noción del TC canadiense de que la Constitución es un “árbol vivo“, que a través de una interpretación evolutiva se acomoda a las realidades de la vida moderna, igual que el acomodo de la Real Academia de la Lengua con los usos del hablante. Pero ¿esto suena congruente?

El vicepresidente del Tribunal Constitucional, y dos de sus magistrados, afirmaron anteayer que las consideraciones de las uniones homosexuales como matrimonio, suponen una “mutación constitucional” que hubiera exigido una reforma del artículo 32 de la Carta Magna: “el hombre y la mujer tienen derecho a contraer matrimonio con plena igualdad jurídica“. La Constitución, en el momento de su aprobación, lo único que hizo fue incorporar la definición de matrimonio que se tiene como patrimonio desde el kilometro cero de nuestro itinerario occidental, con sus dos notas esenciales: la heterosexualidad y la monogamia. Y este punto de arranque no incorpora el principio de volatilidad, propio del uso de las palabras por parte de una comunidad de hablantes. De hecho, en la civilización a la que pertenecemos, la definición de matrimonio así considerada, es incluso una institución preexistente al texto de la Constitución. Lo mismo pasa con los derechos humanos, son preexistentes a su regulación. Si no, yo debería tener derechos desde el momento de su aprobación, y antes sólo sería una… mera posibilidad.

Decía ayer el magistrado Andrés Ollero, “considero legítimo que haya quien estime que la referencia al hombre y la mujer (que el constituyente utilizó para aludir al matrimonio, en lugar de escoger, por ejemplo, la expresión dos personas) resulta arcaico y estaría hoy superada. Para ello no haría sino obligar a dar un paso a una reforma del texto constitucional y no a relativizar tal artículo hasta convertirlo en inocuo y vacío“.

Me parece un juicio acertado, porque no hablamos de materia baladí. No creo que este cambio en el patrimonio genético del matrimonio se pueda ventilar como si nada. La imprescindible aspiración a erradicar la discriminación de las personas homosexuales, no debería llevar a sustraer de sentido al matrimonio tal y como se ha reconocido en los ordenamientos jurídicos de Occidente. O, por lo menos, no sin una reforma en profundidad de la Constitución.

Javier Alonso Sandoica

Comentarios

  1. Comparto totalmente este post. La comunidad gay tiene derecho a solucionar su situación de unión jurídicamente, pero eso no puede suponer el vacío de contenido del matrimonio. A pesar de correr el riesgo de que me llamen heterocentrista, el matrimonio es un bien muy por encima de lo políticamente correcto.

  2. Antonio Gonzalez dice:

    Parece que la Constitución es clara al respecto y así dice el punto 1 del art. 32 de la misma, al aludir al derecho a contraer matrimonio que tienen el hombre y la mujer. Luego, el punto 2 del mismo art. que se refiere a las modalidades de matrimonio, parece lógico interpretar el civil (en que se incluyen las parejas de hecho, pero heterosexuales, según queda definido en el punto 1 previo) y eclesiástico.

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