martes, 19 septiembre, 2017

50 aniversario del boom, ya sabemos cuál…


Los suplementos de cultura se ponen las pilas en estas últimas semanas de 2012 para no olvidar el 50 aniversario del boom de la novela hispanoamericana, que se celebra este año. El que nos trajo Cien años de soledad, Conversación en la catedral, etc. En este oportunísimo momento, acaba de ser reeditado el libro que supuso el haz de autores canónicos, esa reata de protagonistas que cambiaron la manera de escribir de un continente, Los nuestros, de Luis Harss.

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Qué libro más bueno, en serio. Lo elaboró su autor en los 60 a base de conversaciones, y él mismo se afana en asegurar que no fueron entrevistas. Es decir, eran unos pollos sin definir que asomaban la cabeza, sólo eso, y están casi todos: Vargas Llosa, Miguel Ángel Asturias, Cortázar, Carpentier, Rulfo, Onetti. Harss se citaba con ellos y les pedía que mostrarán sus cartas.

Antes de estos novísimos, al inicio del siglo XX, sólo existía literatura comprometida con el momento, esa insensatez propia de la exaltación del instante, en su caso, la revolución marxista. Eran panfletarios y pedestres. El escritor militante había descubierto la guerra de clases y la explotación obrera. Pero “los nuevos escritores -salidos del ambiente de represión y censura, del exilio y de la indiferencia, de las tiranías de izquierda y de derecha, destructoras de la cultura, y de la burocracia mental instalada por el aparato de la retórica oficial- decían: hay otra cosa, otras voces, hablemos como se piensa y se vive, o como hablamos en sueños, o en la intimidad, cuando nos atrevemos a decir la verdad. Esta liberación interior fue en sí revolucionaria”.

Siempre dedico tiempo a meditar sobre la libertad interior, porque es una clave creativa de primer orden. Me dijo recientemente un misionero con muchos años en Cuba, que el ciudadano medio anda chanclón y aletargado, sin el entusiasmo de la vibración por vivir. La dictadura les ha dejado extraños a su propia humanidad, una tristeza casi incurable. Todavía me sigue emocionando el monólogo de uno de los monjes que fueron asesinados en Argelia por una banda de fundamentalistas, en la película De dioses y hombres, “no tengo miedo a la muerte, soy un hombre libre“.

La lista de novísimos, inspirados por Faulkner, renovaron el lenguaje. Como decía Cortázar, “al escritor argentino había que desalmidonarle“. Y lo hicieron. Se inventaron la novela desde el kilómetro cero. Y, como recuerda Harss, “la novela, como la fe, es envolvente y en cierto modo abismal: un género monomaníaco que sólo puede vivir peligrosamente. El que se lanza por sus caminos acomete contra el mundo, se tira de cabeza, a la quiebra o a la salvación. Y para tocar fondo requiere introspección, una interioridad sostenida: es decir, el tiempo personal que se hace posible en una sociedad más evolucionada donde puede haber un sentido en profundidad de la conciencia individual“.

Pero basta de cháchara, partamos hacia una de esas novelas ejemplares y olvidemos el análisis!

Javier Alonso Sandoica

Comentarios

  1. Teresa Campoamor dice:

    A ti que te gusta tanto leer y que has debido de leer tantísimo, nos podrías hacer una lista de los que tú consideras”must”. Una se pierde un poco entre tanta oferta. Thanks.

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