Domingo, 23 Abril, 2017

¿Exclusión social para el que quiera ser firme en sus convicciones?


José Jara

José Jara

Leí recientemente, en la revista Mundo Cristiano, una entrevista a D. Carlos Dívar, presidente del Tribunal Supremo y del Poder Judicial. En ella, se afirma “La ley positiva hay que cumplirla. Cuando, por sus convicciones, uno se sienta incapaz de poder seguir una ley positiva, que demanda hacer algo, lo tiene que hacer es dejar el trabajo, la profesión, para no hacer determinadas cosas que su conciencia le dice que no puede hacer, para no romper con su conciencia”.

Esta idea me parece desalentadora viniendo de una persona que se dice inspirada en su actuar por una conciencia cristiana. De hecho, supone la exclusión social de todo aquel que quiera ser fiel a sus convicciones y que se encuentre con leyes de carácter impositivo que pretendan exigir actuaciones en contra de la conciencia personal. No es una discusión teórica. Actualmente, en nuestro estado democrático, diferentes profesionales altamente cualificados, sanitarios y no sanitarios, se enfrentan a legislaciones que les piden colaborar  en la realización de abortos, dispensación de fármacos abortivos, educación sexual con perspectiva de género, esterilizaciones, provocación de “muertes dignas” a nivel autonómico, etc.

“La sociedad, a través de los Códigos deontológicos de los colegios profesionales, no pide a los profesionales sanitarios que abandonen sus puestos de trabajo, les respalda si deciden manifestar su objeción de conciencia a colaborar en dichas prácticas”

Por ahora, la sociedad, a través de los Códigos deontológicos de los colegios profesionales, no les pide que abandonen sus puestos de trabajo, sino que, por lo general, les respalda si deciden manifestar su objeción de conciencia a colaborar en dichas prácticas, que exceden lo exigible a su compromiso profesional. Además, parte de estos profesionales intentan activamente y de modo positivo que, desde dentro de la profesión, se comprendan los valores éticos que están en juego con los dictámenes de las leyes que les afectan.

La opinión de D. Carlos Divar duele más en cuanto que se intenta envolver con un lenguaje religioso, reafirmando que cuando a algunas personas “su conciencia, rectamente formada, les impide cumplir la ley, deben retirarse de ese cargo público. El compromiso con Dios está antes que el compromiso con los hombres”.

Afortunadamente, la propuesta de la Iglesia no es esa. Ante situaciones adversas, los cristianos no nos debemos encerrar en ghetos sino implicarnos aún más en la construcción de la sociedad. Por eso, Benedicto XVI, en el libro-entrevista Luz del Mundo, nos recuerda claramente “soportar hostilidad y ofrecer resistencia son cosas que pertenecen a la vida cristiana”. Lo contrario de abandonar cualquier puesto de trabajo.

José Jara Rascon
Presidente de la Asociación de Bioética de Madrid

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