Miércoles, 26 Abril, 2017

De profesión: Vivir a la contra


Hace unos días el Tribunal Constitucional avaló la Ley de matrimonio homosexual aprobada por el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero siete años atrás. Un par de centenares de personas, autoconvocadas por las redes sociales, se reunieron para celebrarlo en la Puerta del Sol de Madrid. Hasta aquí la noticia de los informativos era de lo más normal, hasta que la representante de uno de los colectivos de gays y lesbianas agarró el micrófono, y ni corta ni perezosa dijo, más o menos: “Más que de celebración, ésta es una jornada para seguir luchando contra la intolerancia y para continuar reivindicando los derechos del colectivo”.

La frase me hizo pensar. Yo, inocente de mi, creí que todo aquello había sido una buena noticia para “el colectivo”.  Pero entonces me di cuenta de que una vez conseguido ese derecho, la razón de ser de representantes, líderes y portavoces, desaparecía casi por completo. De ahí que los autoconvocados agitaran la bandera arco iris llamando a la lucha.

“De portavoz a voceador. Esa es la clave para seguir viviendo del cuento.”

Este tipo de reivindicaciones han entrado de tal modo en nuestra sociedad que ya no prestamos demasiada atención, pero encierran una forma de actuar un tanto perversa. Joder, José ¿entonces es que no estás en contra de la intolerancia? Por supuesto que sí. Pero ahí es donde entra la perversión del juego, en que la formulación de las reivindicaciones está planteada de tal manera que proclamar su fin se hace poco menos que imposible. El tenderete de los reivindicadores profesionales se basa en tensar la cuerda hasta el máximo, pero nunca llegar a romperla. Vivir contra “algo” es mucho más fácil, cómodo y lucrativo que vivir a favor. La búsqueda de un enemigo común es la mejor manera de unir distintas tendencias (sean del tipo que sean) en torno a una misma causa. Y si no, que se lo pregunten al señor Artur Mas, que con su Comunidad autónoma poco menos que en la ruina, espera conseguir el respaldo de los ciudadanos catalanes hasta lograr la mayoría absoluta. Y todo gracias a la vieja receta del enemigo. Es más fácil culpar a España de todos los males, que asumir una gestión descabellada.  Es más fácil vivir contra España, que vivir a favor de Cataluña.

El problema lo encontrará si llega un momento en el que Cataluña consiga la independencia. Entonces ¿Harán lo mismo que los gays y lesbianas en la Puerta del Sol? Y proclamarán: “Hoy no es un día de alegría, si no un día de lucha contra… contra… contra… bueno, contra lo que sea ¡Collons!”

José Cabanach

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