sábado, 16 diciembre, 2017

De desahucios y hogares

De desahucios y hogares

La casa es algo muy especial para las mujeres. Su significado es fundamentalmente sentimental, no racional. Por eso bien sabían los que vendían una casa que es la mujer quién suele decidir si se compra o no una determinada casa.

De desahucios y hogares




La casa es algo muy especial para las mujeres. Su significado es fundamental- mente sentimental, no racional. Por eso bien sabían los que vendían una casa que es la mujer quién suele decidir si se compra o no una determinada casa.


La resistencia a alquilar en nuestro país se ha debido al hecho de que hemos sido pobres de solemnidad como pueblo hasta hace bien poco. Quizás es posible que hayamos vivido en un espejismo de lo que significa tener un piso, una casa, en el sentido de propiedad y lo hayamos sobrevalorado.

Una mujer se suicida al parecer porque iba a ser desahuciada. En el último año se calcula que hay una media diaria de más de 300 desahucios, una cifra alarmante. Se dice pronto: 300 personas, a veces familias, de patitas en la calle, sin piso, sin dinero y con una deuda que tienen que pagar además de no tener casa.

Es fácil echar la culpa a la ley, o a las cláusulas abusivas, que las puede haber. O a los bancos, que posiblemente hayan sido culpables concediendo hipotecas a tutiplén sin analizar riesgos. Pocos son sin embargo los que admiten algo que también quizás, solo quizás, sea cierto: muchas personas se habían embarcado también por encima de sus posibilidades. No implica esto inculpar a nadie o echar balones fuera, implica pararse a pensar qué puede haber pasado, más allá del suceso de Baracaldo, para estar como estamos.

Todo formaba parte de una locura y pocos, muy pocos, fueron conscientes o avisaron, metidos en la vorágine como estábamos. La posibilidad de que las casas bajaran, de que te pudieras quedar en el paro, de que … tantas cosas, no existía en el mapa. Y a eso a veces se sumó no sólo que los muy pudientes especularan, es que muchas otras personas se subieron al carro comprando a 2 para vender a 4, no sólo los que se dedican a los negocios inmobiliarios. Otras muchas personas, es cierto,  simplemente querían una casa como vivienda propia, sin otras elucubraciones, un lugar donde meterse y que acabara siendo suyo tras… muchos años.

En gran medida los españoles corríamos a comprar casa porque no eran tiempos tan lejanos aquellos en los que la gente ni se moría en su propia cama. Hasta la cama era prestada. Estos días recordaba el poema de Gabriel y Galán, “El embargo”, que habla de eso: ni la cama en propiedad tenían nuestros antepasados,  mientras escuchaba las noticias del suicidio de la mujer en Baracaldo. Quizás nuestro afán y la resistencia a alquilar en nuestro país se ha debido al hecho de que hemos sido pobres de solemnidad como pueblo hasta hace bien poco. Y la posibilidad de tener las cuatro paredes que nos cobijan–alentado también por otras muchas circunstancias- nos encantaba, lo necesitábamos. Era nuestra jubilación también, nuestro ahorros, a diferencia de Europa u otros países donde se viene alquilando de manera mayoritaria y el ahorro de las familias va a otra parte. Porque aquí, además, pocos hacían cuentas de lo que al final de 25 o 30 años de capital e intereses acababas pagando al banco con la hipoteca. Sólo veíamos el contraste con el alquiler y la idea de no acabar teniendo nada.

La casa es algo muy especial para las mujeres. Digo esto porque lo he visto y lo constato de cada vez. No son cuatro paredes, es el hogar que intentamos hacer. Y por eso se explica que a Mauren O’Hara no le bastara en “El hombre tranquilo” con tener una casa y al pedazo de hombre que era John Wayne, sino que quisiera su dote, sus cosas, las suyas, no las de cualquiera, para poder hacer de esa casa su casa. Cuesta hacerse a una casa amueblada por otra persona, vivir en habitaciones que no has puesto, que tú no has decorado. La casa es donde dormimos y descansamos, comemos, educamos a nuestros hijos, pasamos la mayor parte de nuestro tiempo de ocio. Es nuestro refugio. Está ligada a nuestra intimidad como familias, como personas. Por eso  su significado es fundamentalmente sentimental, no racional. Y por esa razón bien sabían los que vendían una casa que es la mujer quién suele decidir si se compra o no una determinada casa y si ella se empeña la venta puede considerarse hecha.

La casa, la propiedad, ata también a un lugar de una manera bastante complicada, dificulta notablemente la movilidad, irte a vivir a otra parte. Y el dinero que se pone ahí no se pone en otro lado. Por eso a la propiedad de una casa los ingleses lo llaman “sitting money”… Y por eso en España no se creaban negocios, empresas, no se emprendía del mismo modo en que otros países se hace: simplemente se tenía una casa, o mejor, uno se hipotecaba de por vida casi. El dinero estaba ahí y no creando riqueza,  a diferencia de otros lares, donde las personas invierten en crear sus negocios o en los negocios de otros.

Intento imaginarme la angustia de la mujer de Baracaldo para llegar a tirarse por la ventana. Leyendo su situación económica, que no estaba parada ni ella ni su marido, con una hija ya de veintitantos años, creo que no todo queda claro en este caso y que quizás había algo más.

Más allá de esto, no sólo los bancos, no sólo la ley, no sólo las cláusulas tienen que ver con los desahucios. Quizás es posible que hayamos vivido en un espejismo de lo que significa tener un piso, una casa, en el sentido de propiedad y lo hayamos sobrevalorado. Quizás tener un hogar no depende de que sea tuyo tras 30 años pagando a un banco la intemerata. Quizás es tuyo y es un hogar desde el mismo momento en que puedes y sabes acoger en él a alguien.

Aurora Pimentel

Comentarios

  1. Teresa Campoamor dice:

    La paradoja de la sociedad española, a diferencia de los demás países de nuestro entorno, es invertir tanto para tener una vivienda y luego estar todo el día en la calle. Quizás, ahora que nos vienen mal dadas, no tengamos que salir corriendo de nuestras casas, puente tras puente, quizás volvamos a reunirnos entorno a la mesa camilla y compartir una merienda y de paso hagamos un hueco al que está solo. Quizás…..Teníamos, o tenemos casas, pero ¿Tenemos hogares?

  2. Aurora Pimentel Igea dice:

    Totalmente de acuerdo contigo, Teresa. Más allá de lo de Baracaldo, y que no está nada clara la situación de quien se ha suicidado -a pesar de la fácil percha mediática que supone…-, honradamente creo que la propiedad inmobiliaria se ha sobrevalorado alentada por el ambiente de los últimos años, por la propia presión de muchas mujeres -para quienes “tener una casa en propiedad” era/es importante- y por la idea de que era el modo de ahorrar más fácil y más rentable al cabo de los años… Detrás del tema en sí… está otro que me interesa casi más si cabe: damos más importancia a la forma que al fondo de las cosas, en este caso al título de propiedad… que a si mi casa es un hogar para los que viven en él o pasan…

Deja un comentario