sábado, 21 octubre, 2017

Bryce Echenique, áspero como un barrido de estopa


Ayer, Alfredo Bryce Echenique inauguró la VII Conferencia Internacional sobre Literatura y Automóvil, organizada por las Fundaciones Mapfre y Eduardo Barreiros. Antes que él hablaron los convocantes, también los que ponen el dinero y la ministra de Fomento. Pero todos aguardábamos la ponencia del maestro de la ironía. Es curioso, durante las intervenciones precedentes, Alfredo parecía no estar allí. Como personaje mudo y desorientado, nos miraba de lejos. A pesar de sus 73 años, que no son muchos, está con aspecto de anciano que tarda en enfocarlo todo. Dijo pocas cosas, algunas menudas y anecdóticas. Las que llevaba escritas tenían más peso.

Cuando terminó, pensé que llegaría una segunda parte, pero me equivoqué, tras los aplausos nos fuimos todos al cóctel. Vaya.

Habló del misterio de la vocación literaria, que es siempre de agradecer. De pequeño esperaba entre las sábanas “la llegada de la literatura“, así lo decía, expresión muy hermosa sobre la presencia de los primeros libros de ficción que leía vorazmente. Me hizo pensar en el drama de nuestro tiempo: la falta de distancia entre deseo y objeto. ¿Quiero leer el Quijote?, vale, ¿en e-book?, ¿PDF?, ¿en qué formato?, porque surtido hay, y además lo tengo ahora, sin moverme de este mismísimo sillón. La inmediatez perjudica la serenidad en el establecimiento de una relación, cualquiera que sea, y deja más desasistida la experiencia.

A pesar de ser el maestro de la narración oral, a mí me parece que Alfredo Bryce Echenique es áspero como un barrido de estopa, incluso su humor aparece con demasiados filtros y llega a perderse. Dijo que de pequeño se confesaba al sacerdote del colegio de sentir más emoción por los avatares de sus héroes que por los dramas familiares o los problemas de sus amigos. Hubo una monja que le enseñó a tocar el piano, y mientras ella le ponía los dedos en el teclado para atacar un Nocturno de Chopin, el Alfredo niño improvisaba la vida de un Chopin mosquetero…

Que el maestro me perdone, pero andaba yo en desacuerdo con él cuando aseguraba que faltan libros y que queda menos gente que cuente historias. No sé, yo veo periodistas inconscientes que se arriesgan con una novela, y no sólo periodistas, también presentadores de televisión, entertainers, tertulianos habituales, actores, cantantes pop, puf. Y las novedades entran y salen como locas de las estanterías. Faltan quizá alquimistas de las palabras que lleguen a despertar en el hombre su misterio.

El hombre nace y muere sin conocer su destino, pero los personajes sí que lo tienen, por eso hay lectores“. Eso decía Bryce y no le comprendo bien. Me parece que hay una contradicción enterrada en la frase. El que busca en los personajes un destino, es porque intuye el reto de encontrar explicación a la peripecia de vivir, y abrazarse a ella, ¿no?

Javier Alonso Sandoica

Comentarios

  1. Quizá Bryce Echenique deba escribir otro libro de «Antimemorias» que se titule Permiso para retirarse… :S

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