Miércoles, 26 Abril, 2017

Anda, cuéntame un relato


Para hacer más digeribles las campañas electorales y las directrices de los representantes del pueblo una vez que ocupan el trono, propongo una reflexión sobre el concepto de moda, es clave para entender la almendra de cómo se hace política en el siglo XXI: el relato, el storytelling, o lo que Todorov denomina “narratología“.

Los políticos, en lugar de indagar entre sus votantes las razones del descontento y someter sus políticas y errores a debate, prefieren acudir a un gabinete de comunicación política y disfrazar su falta de ideas bajo una nueva y prometedora, pero en realidad vacía, estrategia de comunicación. Lo que interesa es que un relato funcione, ya no hablamos como en el XX de ideología, de programas, de retos con fundamento en la realidad, sino de historias que se cuentan, sean o no reales.

José Ignacio Torreblanca, que escribe el blog Café Steiner en elpais.com, escribía recientemente que los partidos, en su aspiración a gobernar, “están dispuestos a hacer gala de toda la flexibilidad ideológica que haga falta y, lo que es más, no sólo no hacen ascos a los votos que provienen del campo contrario, sino que diseñan estrategias específicas para captarlos“.

Según él son dos los relatos que dominan estos días el lenguaje de la política. Del lado estadounidense, las convenciones demócrata y republicana se han articulado en torno a un único elemento: el sueño americano. Del lado europeo, el relato dominante se llama Estado de bienestar. Y las consecuencias son muy parecidas en los dos casos, pues la política queda reducida a una competencia en torno a quién interpreta y mejor defiende las emociones colectivas y las campañas electorales. En lugar de favorecer una discusión racional sobre qué políticas se deben adoptar, “se convierten en un concurso de interpretación de relatos que conceden al ganador un amplísimo margen para gobernar, libre de compromisos concretos“.

Quien escribió un libro magnífico sobre el relato es Christan Salmon, Storytelling, la máquina de fabricar historias y formatear las mentes. Recojo una frase descriptiva del cambio radical que supone la asunción del relato en nuestra civilización: “Los grandes relatos que jalonan la historia humana, desde Homero hasta Tolstoi y desde Sófocles hasta Shakespeare, contaban mitos universales y transmitían las lecciones de las generaciones pasadas, lecciones de sabiduría, fruto de la experiencia acumulada. El relato recorre el camino en sentido inverso: pega sobre la realidad unos relatos artificiales, no cuenta la experiencia pasada, sólo orienta el flujo de emociones“.

Agustín Guzmán del Buey

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