lunes, 23 octubre, 2017

A la espera del viento


Armó de crueldad, calzó de viento.

Luis de Góngora

Quedan tres horas para que llegue Sandy. Hemos visto en la televisión las catastróficas consecuencias de lo que se le viene encima a la ciudad de Nueva York y hemos salido a dar una vuelta para que los niños se tranquilicen. Desde pequeño sé lo que es un huracán, pero hasta ahora siempre se ha tratado de algo que les ocurría a otros, a gente que vive lejos de uno y que, por la razón que sea, no escarmienta y se obstina en seguir viviendo donde los huracanes se producen.

 

El cielo ha oscurecido. Llueve de manera constante y las calles adquieren un brillo particular, como si estuvieran vestidas con una armadura hecha de un metal protector y pacífico. Intento identificar algún indicio de lo que se aproxima, algo de viento sobre las copas de los árboles, algún sonido distinto que se haya apoderado del aire, pero la calma es total y los únicos síntomas de que la situación es delicada son las ramas caídas en el suelo y las decenas de camiones de la compañía eléctrica que se han congregado en el parque de la plaza Madison. Me digo que la civilización consiste en esto. Que alguien esté siempre a la espera.

“Todo requiere mi atención, todo respira y nace, todo guarda silencio y brilla y se pregunta”

Cuando cruzamos la Quinta avenida tengo la sensación de haber irrumpido ante la imagen que siempre quiso pintar Camille Pissarro. Pienso que debería dedicarme a reflexionar sobre las declaraciones del gobernador de Nueva Jersey lamentándose por todos los que van a perder la vida en el transcurso de la próxima jornada, que debería preocuparme por el estado del barrio de Battery Park del que hemos escapado hace dos horas en previsión de que fuera a inundarse, pero la hermosura callada de la ciudad vacía es de tal calibre que lo que pienso es en mí, en lo que estoy viviendo, en lo que sucedería si uno de los que motivan el lamento fúnebre del gobernador fuera la persona que ahora tiene la ilusión de acabar de adentrarse en un cuadro de Pissarro, en que el problema principal no sería mi muerte, sino que esta belleza sobrenatural y prístina sería apreciada por un espectador menos.

A lo lejos, como una criatura necesitada de amplitud, emerge el colosal Empire State detrás de la bruma.

Todo conspira para reunirse en torno a mí y ser contemplado con mi mejor mirada, todo requiere mi atención, todo respira y nace, todo guarda silencio y brilla y se pregunta.

Álvaro Fierro Clavero

Comentarios

  1. Creo que has tenido, salvando las distancias de la tragedia, el “privilegio” de asistir a una tragedia, en un entorno ultracivilizado, con la posibilidad de verlo como una parte más del turismo. Preocupado por los que te rodean, pero sin temer realmente que la tragedia pudiera mellarte. No creo que haya mucha gente que pueda tener una experiencia así, contemplar la expectativa de una tragedia tan anunciada sentado en primera fila.
    Si me gustara tanto el papel de fumar como se estila, esto podría escandalizarme, pero en realidad me da envidia, por la oportunidad de experimentarlo y la sensibilidad para hacerlo.
    Por cierto, gran foto (la primera).

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