Miércoles, 23 Agosto, 2017

La sensación de ser eternos


Es sin duda el momento de pensar
que el hecho de estar vivo exige algo.

Jaime Gil de Biedma

Los pensadores, los poetas y los místicos que han perseguido la trascendencia han intentado por todos los medios a su alcance buscar más allá de los límites, como si lo que se encuentra a este lado de la muerte y de la realidad no les bastara, como si el mundo que conformamos los seres hechos de energía y materia estuviese agotado y no proporcionara retos a la altura del ingenio humano, como si no fuera posible un discurso de lo más elevado y lo divino con base en lo cercano o lo íntimo.

No tenemos testimonios escritos acerca de lo que pensaban nuestros antepasados remotos, pero es seguro que la primera reflexión de los homínidos que inauguraron el género humano estuvo dirigida hacia lo perentorio y lo inmediato, hacia lo que proporcionaba sustento y alivio, lo que causaba frío o daño, dolor o peligro, y así debieron de nacer los primeros utensilios, y con ellos las primeras palabras. Según Abraham Maslow, cuando las necesidades primeras estuvieron resueltas pudo la especie humana dedicarse a satisfacer necesidades de orden superior según la famosa jerarquía con forma de pirámide introducida por el psicólogo americano.

“¿Cómo denominar este estado terrenal, intelectual y corporal en el que experimentamos, siquiera efímeramente, la sensación de ser eternos?”

El enfoque de Maslow es original porque no emprendió sus investigaciones con idea de explicar comportamientos patológicos, sino que centró sus trabajos en el estudio del ser humano saludable. En la mirada infinita nos interesa particularmente su teoría de la «experiencia cumbre»: Aquellos individuos que han cubierto sus necesidades y están «autorrealizados» experimentan con frecuencia momentos en los que se entrecruzan multitud de sensaciones de deleite, consciencia, intensidad y comprensión. Es entonces cuando todo se vuelve nuestro porque hemos sustituido la posesión material por la posesión intelectual y espiritual y se abre a nuestros ojos verdaderamente el mundo. ¿Cómo denominar este estado terrenal, intelectual y corporal en el que experimentamos, siquiera efímeramente, la sensación de ser eternos, cómo decir esa capacidad que descubrimos en nosotros de ser creativos con las propias sensaciones y sentimientos?

Exoestima, panipsodinamia, hipofanía, cronomancia, extraducción, sensureza, psicagogía, taumacepción, insitonomía, escatonunquia, alterofilia, efimeternidad, calometría, introxenoyección, erotocracia, ultrascopía, tanatoalgia, meganimiedad.

El artista alemán Joseph Beuys (pronunciado ‘Bois’) sostenía que todo ser humano es una artista y que toda actuación es una obra de arte. En coherencia con esta visión de la vida y de la naturaleza contruyó objetos artísticos consistentes en urnas de cristal en las que almacenaba objetos de su propiedad. Estas obras de apariencia humilde, ajenas por completo a la soberbia tradición europea, son una invitación a descubrir la pequeña grandeza de todo cuanto nos rodea, con sus bellezas y sus asperezas, al tiempo que consiguen ampliar el perímetro de lo artístico. Todo hecho del mundo, contemplado con la actitud y el entusiasmo que merece, es una encrucijada en la que confluyen materias y designios que tienen a sus espaldas millones de años de antigüedad.

La clave está en vivir a la manera de estos objetos de Joseph Beuys, con la modestia de lo que va a ser siempre recordado.

Alvaro Fierro

Comentarios

  1. Querido Álvaro:
    Me ha encantado tu reflexión, a la que añado que en nuestro país fueron precisamente los educadores de la Institución Libre de Enseñanza, con don Francisco Giner de los Ríos a la cabeza, quienes empezaron a valorar las capacidades creativas inherentes a todo ser humano, a unir el fruto de la mano y el cerebro, valorando la artesanía (lo pequeño) igual que el arte canonizado, e introduciendo ambos en la vida diaria, embelleciendo las casas. Naturalmente, estaban muy influenciados por el idealismo alemán en versión krausista.
    No conocía a Joseph Beuys, pero sin duda es un hijo de estas tendencias. Sólo quería recordarte “el hecho español”, porque últimamente entre nosotros se da (no es tu caso) el importar de fuera lo que tenemos dentro.
    ¡Enhorabuena por la luz! ¡Qué buena metáfora ilustrada! Y hasta pronto.
    Un abrazo
    María Jesús (Tertulia domingo)

  2. Es posible que, desde el punto de vista sociológico o psicológico, la afirmación de que “todo ser humano” es un artista sea pertinente, pero entendiendo artista como alguien capaz de hacer algo estéticamente extraordinario, discrepo de la afirmación.
    Ni todo el mundo tiene capacidad de hacer algo estéticamente extraordinario, ni la inquietud de hacerlo, ni la de apreciarlo, ni la de darle la importancia que tiene.
    Y se puede decir que afortunadamente. ¿Donde quedaría la emoción que nos produce una obra de arte si cualquiera pudiera hacerlo?

    Releo lo que he escrito y he resultado terriblemente prosaico intentando defender la escasez de la genialidad.
    Querría seguir, pero todo va en la misma dirección.

  3. La afirmación de Joseph Beuys dista de ser trivial y tiene un fondo de verdad. El problemas es que para convertirse en un verdadero artista hay que trabajar y desarrollar las capacidades, lo cual no es breve ni sencillo.

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