sábado, 23 septiembre, 2017

Las otras cosas


Tenía que decidir a toda velocidad, y elegí CONTRAPUNTO. Bueno, no está mal. También podía haber sido contragolpe, contrapelo, contrapicado… incluso contrabando. Y no se trata de ir ni a la contra ni contra nada. Se trata de dar otro tono a la machacona melodía de pianola que nos aturde con el mismo soniquete desde hace ya demasiado tiempo. Buscar otro lado al que mirar, o desde el que mirar. Y si me apuras, buscar otra cosa de la que preocuparnos.

Hace unos días Manuel Pizarro decía que en éste momento bastante tenemos con llegar a fin de mes, y no le falta razón. Y ayer mismo escuché al genial Boadella afirmar que España atraviesa el periodo más crítico de su historia moderna, otra verdad. En el bar, en el mercado, en Metro… no se tararea otra canción. Pero con la mirada fija en el fondo del túnel estamos dejando pasar demasiadas cosas que también forman parte de nuestra esencia. Una sociedad dormida es una sociedad a la deriva. Atravesar la tormenta a palo seco es dejarse llevar por las corrientes. Sacar el trapo para tratar de enderezar el barco siempre es arriesgado, duro y complicado, pero si no se hace, la factura de la desgana sale cara.

La semana pasada el Rey se encontraba en Bombay, que junto a cuatro ministros y un puñado de empresarios, intentó vender nuestros productos y servicios con la mejor de sus sonrisas. Desde que era niño el único slogan que he leído bajo la Marca España es; Spain is diferent. Y a fuerza de creernos la milonga de que eso era negativo nos hemos dejado someter a una operación de cirugía estética y ética que nos está transformado en algo que no somos.

Cuando despertemos de la anestesia veremos que cosas tan sencillas como el neón del TIO PEPE (Sol de Andalucía embotellado) ya no está, que lo hemos dejado derribar por el capricho de otra marca. La Puerta del Sol ya no será lo mismo. Nosotros habremos dado un paso más hacia la pérdida de identidad. Nuestro pasado, las huellas que dejó, son parte de lo que somos. Renunciar a eso es elegir el bando de los mercenarios.

No pretendo hacer una declaración de intenciones en esta primera columna. Tan sólo una introducción a las que vendrán con las semanas, en las que el Contrapunto será mirar a las cosas “pequeñas”, porque las definiciones se escriben siempre con minúsculas.

José Cabanach

Comentarios

  1. Me da mucha pena que el tío pepe desaparezca de sol pero el sentido común me dice que no puedes obligar a una empresa que ha comprado el edificio tener otra marca comercial (que es lo que es tío pepe) en tu azotea.

  2. ¡Me encanta! Lo comparto! Estoy deseando leer la columna cada semana.

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