viernes, 20 octubre, 2017

Economía 0 – Valores 1


No habíamos pedido jugar este partido aunque, no les engaño, lo veíamos venir. Ahora que todos hemos aprendido a ejercer esta curiosa profesión del economista forense, nos cuadra bien que se nos haya desplomado un engranaje basado en un mercado de trabajo que producía demasiado poco valor añadido y que vivía como si produjese mucho. El caso es que desde que una empresa llamada Lehman Brothers de la que pocos habían oído hablar cerró sus puertas, hemos saltado todos a este inesperado terreno de juego en el que el duro contrincante al que vencer lleva nombre de crisis económica.

El juego está resultando desolador. El terreno está en las peores condiciones posibles. Donde creíamos que disfrutábamos de la más verde de las praderas, nos hemos topado con que el subsuelo estaba horadado por los topos de nuestra avaricia y nuestro egoísmo. Nos sentíamos fuertes, con horas de gimnasio productivo a nuestras espaldas, y resulta que todo era fruto de unos esteroides que nos doparon y que además disimularon nuestra debilidad en forma de soberbia.

Había valores. Han vuelto a surgir. Porque Dios los dejó impresos en esta alma libre y a veces díscola del hombre pero hecha a su imagen y semejanza.

Ahora nos toca construir el cesto con estos mimbres y, sin nada más que ofrecer, hemos encontrado solo la mejor de las esencias. La teníamos escrita en algún rincón de nuestro yo. Y se llamaba amor a los demás en mil formatos diferentes Ha llegado regada por esa Caritas in veritate que con tanto acierto y puntualidad germánica nos regaló Benedicto XVI. Claro, que la Doctrina Social de la Iglesia no nació por generación espontánea con León XIII en aquella Rerum Novarum. Tampoco han nacido así Cártias, los misioneros, los religiosos que dedican su vida a ayudar a los demás o los laicos que llevan la Iglesia a cada rincón de la vida cotidiana. Había valores. Han vuelto a surgir. Porque Dios los dejó impresos en esta alma libre y a veces díscola del hombre pero hecha a su imagen y semejanza.

No es una sensación sino una evedencia. Los valores se han convertido en el emblema de los que nos hemos lanzado al terreno de juego. El 40,4% de los mayores de 55 años ha ayudado a sus familiares económicamente en los dos últimos años. Los padres ven cómo sus hijos tardan una media de casi 3 años en encontrar empleo y tratan de que ahí donde falla la pata económica, no falte el amor. Los matrimonios ven en la mala racha una razón para no divorciarse a la ligera y mantener dos vidas paralelas. Y descubren con sorpresa que había otra solución más lógica: reconciliarse. Las celebraciones se vuelven más hogareñas, se disfruta más con un plato de pasta y los regalos importan menos que las sonrisas. El que perdió el empleo sabe que ahí están los suyos, y mientras lo busca con afán, ha vuelto a disfrutar de unos hijos a los que tenía olvidados. Al partido le quedan muchos minutos. Aún estamos a tiempo de marcar muchos goles.

María Solano

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